EVA

Eva es de Ilok, un pueblo croata cerca de la frontera con Serbia, ahora bajo control serbio. Está en el centro para gente desplazada de Zagreb.

Lo más duro (al estallar la guerra) fue el miedo y el pánico. Solamente pensábamos en escapar. No había adónde ir aparte de saltar al Danubio. Cuando finalmente conseguimos escapar y nuestros autocares cruzaron la frontera croata, había gente esperándonos. Los políticos nos dieron un discurso y nos sirvieron té caliente y bocadillos. Fue un gran consuelo.

Nos dijeron que estaríamos de vuelta en casa en dos semanas, así que no nos dimos cuenta de la tragedia que estaba ocurriendo. Cuando nos enteramos, mi marido lloró. Nadie me dijo nada. Yo preguntaba mucho, a cualquiera que viniera. La situación aquí (en Zagreb) era muy dura. Había una gran lucha por la supervivencia, yo tuve que buscar un trabajo, y después estaba (la ansiedad) por mi madre.

La muerte de los padres.

Justamente este año nos enteramos de lo que pasó. A mis padres los mataron delante de su casa. Los "Águilas Blancas" o chetniks ordenaron a la gente que llevaran todos los cuerpos que habían reunido al campamento. Todavía no se dónde están enterrados. Hay varias tumbas colectivas alrededor del pueblo.

Fue el aniversario de su muerte hace algunos días. Oficialmente no los dieron por muertos hasta hace poco. El hombre que había recogido los cuerpos muertos de mis padres estaba en un pueblo cerca de Virovitica. Me siento mejor ahora que sé (lo que pasó), pero es muy duro. Hubiera preferido que murieran en un bombardeo.

Me acuerdo de las últimas vacaciones que pasamos con mis padres. Mi madre lloraba, casi como si supiera que era la última vez que estábamos juntos. Se respiraba algo como miedo en las celebraciones, al ganar la Comunidad Democrática Croata las elecciones en nuestros pueblos. No tendrían que haberlo festejado como lo hicieron. Esos bueyes asados en la barbacoa y aquellas fiestas ruidosas, quizás fueron excesivas. Nuestros corazones estaban llenos de alegría y estábamos extasiados. La libertad había llegado y por fin podíamos cantar nuestras canciones. Pero había extraños presentimientos de sospecha y miedo. Después del ataque del Ejército Federal de Yugoslavia a la comisaria de Ilok, los hombres comenzaron a hacer guardias. Mi marido también.

El ataque a Croacia.

Entonces vino el ataque. Los tanques estaban en la carretera, los aviones en el aire. Estábamos en los campos y en los jardines cosechando los últimos cultivos. Había tantos tomates, cebollas, patatas y judías, era increíble. Tiene que ser así, creo, cuando viene el mal o la guerra. Veíamos a los aviones atacando Vukovar mientras trabajábamos en los campos. Cuando caían las bombas se oían fuertes explosiones. El horror ya estaba aquí. Pero nosotros (seguíamos) trabajando. Yo estaba haciendo conservas de tomate (tenía más de cien litros de tomate líquido en botellas) y estaba almacenando patatas y judías. Pensábamos mandar una parte a Vukovar para ayudar a la gente.

(Cuando nos obligaron a huir) no pensábamos que estábamos marchando para siempre, por eso solamente me llevé unas cuantas cosas, entre ellas algo que me recordara la vida en Ilok. El invierno estaba cerca, por lo tanto me llevé botas y abrigos, algunas camisetas y camisas. De los bordados, escogí los últimos que mi madre había hecho, no los podía dejar allí.

Nos registraron a todos con detectores por si llevábamos armas, a mujeres y niños por un lado, hombres por otro. Estuvimos haciendo cola desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Registraron a unas 12.000 personas.

Adaptarse y asumir la pérdida.

Mi marido comenzó a trabajar en Savric (una fábrica de muebles) el primer día que llegamos (a Zagreb). Los niños van al colegio con los demás. Yo también trabajo, hacemos lo que podemos para sobrevivir. Conseguimos esta habitación por casualidad. No estaba acondicionada (para una familia).

¿Los niños? Se han ido acostumbrando poco a poco a las circunstancias. Mi hijo tiene sus amigos, compañeros de colegio de Ilok. Ahora salen juntos por la tarde. Mi hija menor también se ha adaptado a la nueva forma de vida y va a la escuela secundaria. Se han adaptado, no están destrozados. No han sufrido tanto como yo. Mi hija mayor me dice: "Tuve mi infancia. Cuando veo a esos niños en los centros colectivos, me alegro de poder recordar mi infancia. Yo todavía (recuerdo) y siento la alegría de jugar en mi propio jardín, estos pobres niños no conocen este sentimiento".

El peso de la historia.

Para mi lo peor es que tengo este peso desde la infancia. Mi padre ya había pasado por todas estas cosas y yo recuerdo que me lo contaba cuando era pequeña. Él tenía catorce años cuando (los milicianos chetnik) mataron a su padre en 1944. Mataron a su padre, que no había hecho nada, simplemente por ser un miembro de Matica. Mi abuelo tenía treinta y cuatro años. En el pueblo había el Comité Nacional, compuesto mayoritariamente por serbios; metió a mi abuelo en su lista (negra), del mismo modo que el comité de ahora ha puesto a mi padre en la suya. ¿Y te puedes imaginar lo que siento?.

Mis padres no me criaron para (sentir) odio. Tuve un novio serbio, que era simpático. Cuando mi padre se enteró, me gritó y se opuso a ello. Dijo: "Ya les he dado bastante de mi sangre". Era impensable ver al chico después de esto. Fue la primera vez que me enteré de este odio. Me lo hicieron sentir. No hace falta que se lo cuente a mis hijos, ellos ya lo conocen. Es imposible establecer relaciones entre las dos naciones, se ha hecho demasiado daño. Mi padre tuvo que perdonar a la gente con que vivía y seguramente lo hizo. Los hombres que habían matado a su padre estaban a su alrededor. Tuvo que envolver el cuerpo inerte de su padre en una manta cuando era un niño. Y ahora todo ocurre de nuevo.

Ahora, cuando empezaron los cambios me acordé de los acontecimientos (de mi infancia) y pense que debería decir algo acerca de ellos en los periódicos. Mi padre solía (hablar) de la Segunda Guerra Mundial y de lo que (los serbios) hicieron a los croatas en aquella época. Solían tirar a la gente de la torre de la iglesia serbia para que quedaran empalados en la palizada. A un periodista le contó la verdad de aquellos acontecimientos y los nombres de la gente implicada. Siempre hablaba de La cuestión croata. Para él, el peor crimen de todos era negar (la propia identidad croata). Le condenaron por ser un ustaha. Lo que le pasó me da valor, o sea que cuando hablan de perdonar...Todos nuestros hogares estaban allí, la casa de mis padres (estaba allí). No puedo imaginar que volvamos. Imagínate por un momento que estas cosas terribles vuelvan a ocurrir. No sé olvidar. Sencillamente no puedo perdonar y olvidar.

Vivíamos junto a nuestros vecinos tan bien como la gente de Vukovar. Deberías haber oído a los croatas hablar de compartir su último pedazo de pan con sus vecinos serbios, cuando se estaban escondiendo en los refugios. Cuando Vukovar cayó en manos de los serbios, todos se olvidaron del sufrimiento y comenzaron a denunciar a sus vecinos croatas. Si Zagreb cae –que Dios no lo permita- estoy convencida de que pasará lo mismo. No hubo ni uno que fuera algo solidario con nosotros. ¿Por qué? Me refiero a esos servios que todavía viven en Ilok. No les pareció necesario decir que nos habían tratado injustamente. Ni siquiera la gente que ahora vive en nuestras casas se siente incómoda.

Los desplazados: "Nuestras relaciones son muy malas"

(En el centro) no estamos nada unidos. Algunos de nuestros parientes están aquí...el hermano de mi marido con su mujer. Yo prefiero estar sola. Mi marido dice que me haría bien hablar con gente. Pero de alguna manera no puedo. La gente es avariciosa, solamente quiere cosas materiales y dinero. Antes estábamos muy unidos, viviendo en el mismo vecindario, tomando el café juntos cada día, encontrándonos en el jardín. Pero esta vida es diferente. Algunos de mis vecinos también están aquí pero nuestras relaciones son muy malas. Todo el mundo es tan egoísta. Quizás este comportamiento es normal para gente en una situación como la nuestra.

¿Cómo podremos volver a vivir juntos, si nos estamos peleando por usar la cocina? Hay tantas riñas e insultos por un paquete de harina o azúcar de la (organización) de ayuda humanitaria. Gritan "No haces más que robar y robar. Este hombre siempre se queda con todo y a mí no me dais nada". Las cosas que nos dan ahora no se pueden comparar con las propiedades que teníamos en casa. Ahora ya no puedo perder nada (más). ¡Peleas por un litro de aceite!

¿Cómo lo habría resistido mi padre? Cuando recuerdo cómo quería a sus vacas creo que no podría haber resistido ese tipo de vida. Estaría feliz si hubieran encontrado una muerte natural, si no hubieran sufrido tanto. Él solía beber bastante, tenía su propio vino y coñac. No hubiera podido vivir así. Al fin y al cabo se hizo la voluntad de Dios.

¿Una vida mejor?

Solamente se podrá producir (un cambio) cuando la generación que ha hecho todo esto se haya muerto y una nueva generación ocupe su lugar, como pasó en Alemania. Muy en el fondo de mi alma creo que algún día ocurrirá-

Me gustaría trabajar en el jardín, como solía hacer en casa. Tenemos algunos parientes aquí en Zagreb. Tienen jardines y fui a verlos con mi marido. Pero la tierra no es tan fértil como la nuestra. De todos modos me hizo bien.

Cuando comencé a trabajar en el Ministerio, para mí fue un cambio tremendo. Lo más difícil era entrar y salir a la hora exacta. Solía trabajar en la inmensidad de los campos abiertos y no había nadie a mi alrededor, era silencioso. Vivíamos muy unidos con la tierra. Ahora tengo que trabajar tanto que ni siquiera puedo bordar un poco.

Es difícil para mí, arreglármelas en el trabajo con las mujeres (de aquí). Deberías oír sus conversaciones. Sueñan con vestidos, con hacer planes, con ir a la costa y entonces me siento tan deprimida. Una de ellas me preguntó si me gustaría comprarme un apartamento en Zagreb. Ella sabía que mi marido se había ido a Alemania. Dijo que era bastante barato, solamente 70.000 marcos por 60 metros cuadrados, y muy bonito.

PANOS INSTITUTE (1995) : ARMAS PARA LUCHAR, BRAZOS PARA PROTEGER.
BARCELONA: ICÀRIA, 1995.

Índex
Annexos