PERCEPCIÓN: Diversos tipos de discriminación.

Seminario de Educación para la Paz. A.P.D.H.






Es bien sabido que el trabajo sobre diversas formas de discriminación, a menudo, encuentra un obstáculo: nadie quiere aceptar que el/ella sería capaz de tener actitudes discriminatorias, particularmente porque siempre pensamos que se trata de casos lejanos (el apartheid en Sudáfrica, minorías étnicas en países asiáticos...). El enfoque socioafectivo fue creado justamente para experimentar estas situaciones en la «propia piel». A continuación os presentamos cuatro propuestas diferentes. La primera es una dinámica, Mundo de colores, que permite entender como afecta la igualdad o la diferencia a la hora de acercarnos a otras personas. Las dos siguientes están relacionadas con la experiencia de «la cinta amarilla»: el artículo que explica la experiencia original inglesa y el resultado de una aplicación en el Instituto de Bachillerato Eugeni d'Ors de Badalona. La cuarta consiste en el visionado de un vídeo ya clásico: la clase dividida.


1. Mundo de colores

Se trata de una dinámica, que puede utilizarse a partir de los 8 años, consistente en formar grupos en base a una pegatina colocada en la frente.

OBJETIVOS:
Descubrir cómo afecta la igualdad o la diferencia a la hora de acercarnos a otras personas y cuáles son nuestros criterios para hacerlo. Experimentar cómo nos sentimos según nos integremos en un grupo o quedemos excluidos/as de el.

MATERIAL:
Pegatinas de diversos colores: varias de 4 o 5 colores y 3 o 4 diferentes (sin color, otro color o tonos parecidos a los colores mayoritarios).

DESARROLLO:
Las personas participantes se colocan en círculo y cierran sus ojos. El animador/a coloca una pegatina en la frente de cada persona, evitando poner el mismo color a personas cercanas. Mientras las coloca explica: "cuando termine, abrís los ojos y SIN HABLAR tenéis que formar grupos claramente separados en el espacio". Cuando los grupos estén formados y separados claramente, se pasa a la evaluación. Al acabar, es conveniente realizar una evaluación en grupo a partir, por ejemplo, de preguntas como las siguientes: ¿Cuál ha sido el criterio para formar los grupos? ¿Por qué? Es muy habitual que los grupos se formen en base al mismo color, ¿no hay otros criterios posibles: grupos arco iris, variados, sin tener en cuenta la etiqueta, ...? ¿Por qué nos acercamos a quién más se nos parece? ¿Qué pensaron y sintieron aquellas personas que se quedaron sin grupo? ¿Qué pensaron los/as demás? ¿Se dieron cuenta?. ¿Encuentras algún paralelismo con la vida real: discriminación, etc.?

FUENTE:
Paco Cascón, II Taller centroamericano de Educación para la Vida y la Paz, San Salvador, 1992.


2. "La cinta amarilla"

Artículo publicado en En Pie de Paz (nº 1, abril, 1986) a propósito de la experiencia original inglesa.

La cinta amarilla (Vivir la discriminación en la propia piel)

Uno de los enfoques más eficaces y atractivos de la educación para la paz es el socio-afectivo, que presta tanta atención a los valores y actitudes como a los contenidos. Este enfoque pretende generar una emoción empática que lleve a la comprensión de los demás, ¿y qué mejor manera de lograrlo que metiéndose en la piel del otro, experimentando sus propias vivencias?
La experiencia que reproducimos forma parte de las orientaciones básicas sobre educación para la paz del departamento de Educación del Condado de Avon (Inglaterra) Peace Education. Guidelines for Primary and Secondary Schools, noviembre, 1983.
Los alumnos participantes cursaban sociología como materia optativa en un curso equivalente a C.O.U. La experiencia, dentro y fuera de la escuela, duró una semana.

Objetivos y procedimiento
El objetivo de la experiencia consiste en lograr algún atisbo de la situación social en que se encuentra alguien que es diferente (por razones de credo, raza, etc.). Para lograrlo había que llevar, de forma bien visible, una cinta amarilla anudada alrededor del brazo izquierdo en todo momento. Los estudiantes debían registrar en un diario las reacciones que provocaba la mencionada cinta.
Las reacciones más intensas se produjeron durante el primer día, en especial dentro de la escuela. La curiosidad se mantuvo durante los días siguientes, pero muchos de los compañeros se percataron de que se trataba de algún tipo de experimento sociológico y decidieron no reaccionar. Los padres y los amigos también dejaron de hacer caso de la cinta tras los primeros momentos.
«¿Apoyas algo?».
«¿Es la última moda?»
«¡Profesora!, pregúntele a Paula por qué lleva esa cinta anudada al brazo. No se lo dirá pero debe averiguarse.»
Los otros alumnos le tomaron el pelo, y muchos pensaron que era una señal de homosexualidad... Durante un partido de fútbol se produjeron numerosos comentarios, particularmente llamarle «marica».
El padre no se dio cuenta hasta el segundo día, luego continuó leyendo su periódico.
«Comprar con la cinta resultó divertido. Muchos se daban cuenta y lanzaban miradas divertidas»
«¿Por qué demonios se ha puesto usted esa estúpida cinta amarilla alrededor del brazo? A continuación se mostró irritada u ofendida por su presencia y no a causa de que yo me negara a explicarle el por qué.»
«El conductor de un coche paró su vehículo y me preguntó si estaba casado. No sé si la pregunta tenía o no relación con la presencia de la cinta amarilla»
Un padre amenazó con ir a la escuela y «acabar con estas bobadas»; un profesor amenazó a una alumna con informar negativamente a su tutor si no le daba una explicación.
La reacción más dura fue la que experimentó un alumno cuyo padre se negó a llevarlo consigo al bar para la tradicional copa de la tarde... adujo que no quería que lo vieran con su hijo mientras llevara la cinta amarilla. El mismo alumno tuvo que soportar un alud de imprecaciones e insultos bastante agresivos en el club de rugby; también le insinuaron que no podría jugar el partido. Continuó luciendo la cinta durante todo el partido.

Valoración y resultados
De los once alumnos que participaron en el experimento, dos dejaron de llevar la cinta antes de que acabara la experiencia. Uno de ellos porque, afirmó, se había percatado de que ya no provocaba reacciones y el otro porque «se olvidó» de ponérsela al tercer día.
Todos los alumnos afirmaron haberse formado una idea bastante clara de lo que debía sentir una persona «diferente», si bien también coincidieron todos en que se había tratado de algo muy artificial.
Lo que más les impresionó fueron los insultos y la sensación de que la gente los miraba por la calle. Otro factor importante fue la identidad de grupo; todos sintieron que el apoyo del grupo era básico y, tras una reacción diferente o especialmente inusual, sintieron la necesidad de compartir las experiencias con los demás.

Observaciones acerca del experimento
Este experimento quizás esté en relación más estrecha con aquel momento en que nos percatamos por vez primera de que somos el único «blanco», «negro» o persona «diferente» en un grupo. La consciencia de la diferencia puede agudizarse sobremanera por la curiosidad, las burlas o la hostilidad de la «mayoría»; puede provocar sentimientos que van de la ansiedad y la percepción de encontrarse aislado, al miedo o el pánico. Lo anterior explica también la sensación de seguridad que se obtiene al compartir con otros creencias o valores similares o a tener en común un trasfondo cultural semejante en un lugar extraño o dentro de un grupo «diferente». Hay que advertir, por último, que el miedo o la sensación de «diferencia» puede basarse en rasgos triviales, y en buena medida, irracionales e injustificados.

(Traducción R.G.)


3. La experiencia en el Instituto Eugeni d'Ors de Badalona
La experiencia de la cinta amarilla, adaptada, se realizó en 1986 en un Instituto de Badalona. Tomamos de Plecs de Pau (nº1, Enero, 1987) la descripción del resultado y las valoraciones de los participantes.

LA CINTA AMARILLA

La experiencia en el Instituto Eugeni d'Ors de Badalona
Durante 5 días del mes de noviembre de 1986, alumnos de ética de tercero de B.U.P. repitieron, voluntariamente, la experiencia de sentirse diferentes mediante el artificio de llevar una cinta amarilla durante ese tiempo. La experiencia, esta vez, permitía que cada uno escogiera el día inicial: domingo (por tanto, fuera del ámbito escolar) o lunes. Trece personas del grupo-clase decidieron no participar directamente. Algunas, sin embargo, recogieron opiniones (10 chicos y 3 chicas). Los participantes fueron, 21, 12 chicas y 9 chicos; 13 de las personas llevaron la cinta entre 3 y 5 días, 3 durante 2 días y 5 un único día. Por último, 8 personas la llevaron un día no lectivo, es decir, en ambientes poco o nada relacionados con el instituto.
En lo que se refiere a las valoraciones, el último día se recogieron las impresiones mediante un cuestionario y, después, se pusieron en común. La mayoría encontró la experiencia interesante, pero un poco artificial: «La gente está tan acostumbrada a cosas "extrañas" que ya no hace ningún caso»; «no me he sentido diferente en ningún caso»; «algunas veces me he sentido avergonzada y ridícula, pero no marginada». La variedad de opiniones y sensaciones, como ellos mismos comentaron en la clase de valoración, dependía mucho de la personalidad individual: una persona decía que se había hecho una idea clara de ser diferente llevándola un solo día, otros calificaron la experiencia de «ortopédica» porque, de entrada, ya eran «bichos raros». La sensación predominante, sin embargo, fue el ridículo y ser conscientes de que los compañeros y amigos te miraban.
En lo que se refiere a las reacciones de los/as compañeros/as se hicieron valoraciones como ésta: «un poco lelos, menospreciables, con aire de superioridad, reacciones discriminatorias»; «entre curiosas y pasotas: curiosas al principio, pasotas a partir del momento en que no les contestabas»; «no lo decían muy explícitamente, pero profes y compañeros estaban intrigados». Las preguntas que se daban más a menudo eran: «¿Por qué llevas esto?», «¿de qué vas?».

Anécdotas o comentarios literales
«¿Se te ha muerto alguien?»; «¿estás libre?»; «¿eres de algún partido o grupo revolucionario?»; «¿qué vas a la Palma?»; «eres un hortera»; «¿la llevas porque estás en contra del SIDA?».
«Uno de los días, yendo con los amigos y amigas, uno de ellos me dijo que no me pusiera a su lado»; «¿has perdido la virginidad?»; «¿qué pasa? ¿no ligas?»; «¿eres la capitana del equipo?»
«El amarillo es el color de la locura»; «¡eres un nota!»; «¡tienes gustos de imbécil!».
«Una chica me preguntó sobre la cinta y le respondí que era la moda; ella me contestó que el color no me pegaba con el jersey y que al atármelo con el jersey ancho me quedaba hortera.»
«No he participado, pero iba con un compañero que sí la llevaba y observamos que un alumno de... se ponía un pañuelo de cuello atado al brazo. Otro le preguntó la razón y le contestó: "porque hay cantidad de vasca que lo lleva".»

Comentario de los profesores/as
Pocos se atrevieron a preguntar directamente; muchos miraban con cara de extrañeza. Un profesor preguntó «si era una chorrada de 3. F». En la sala de profesores diversas personas comentaron el hecho. El más notable fue el comentario de una profesora que, enfadada por otros motivos con una chica que llevaba la cinta, dijo: «¡y, además, llevas una cinta amarilla en el brazo!».

Comentarios en casa
Una de las cosas que más les sorprendió fue el hecho de que los padres, muy a menudo, atribuyeran cinta a la idea estereotipada que tenían del hijo/a: «¡estás medio tocada!»; «lógico en tí»; «no tienes arreglo»; «¡quítate eso, payaso!».
La reacción más normal fue la de preguntar insistentemente, pero sin darle demasiada importancia: «¿es la nueva moda?»; «¿se te ha muerto alguien?»; «¿estás enamorado?». La reacción más insólita fue la de la abuela de un chico: «tú te vas a meter en algún follón, ya verás». En tres o cuatro casos, la familia pasó totalmente, al menos de forma explícita.

Valoración final
Por último, la mayoría valoró positivamente la sensación de complicidad y de grupo entre las personas que realizaron la experiencia (pertenecientes a dos grupos-clase de 3.); a pesar de todo, esto no pudo evitar que el ridículo y la vergüenza provocasen la deserción de diversas personas, entre el primero y el segundo día. Algunos manifestaron explícitamente su deseo de hacer experiencias similares.

Rafael Grasa, Noviembre, 1986


Cuestionario que se pasó a los alumnos/as

Nombre (si quieres)                                            Sexo    
¿Has participado?                ¿Cuántos días?    
¿Dónde? en la escuela / fuera de la escuela / en casa / día no lectivo
Naturalmente, si hemos reproducido esta experiencia es porque pensamos que se puede llevar a cabo en muchos lugares; además, resulta ilustrativa de la forma en que se pueden preparar otras situaciones que permitan vivir las discriminaciones. Después de una de estas actividades de sensibilización se puede empezar a trabajar con mejor motivación una discriminación real... el apartheid, la doble explotación de muchas mujeres en diversos lugares del mundo...


4. Vídeo "La clase dividida"

Editado por el Seminario de Educación para la Paz de la A.P.D.H. (c/ José Ortega y Gasset, 77, 2ºA. 28006 MADRID), recoge dos experiencias socioafectivas sobre discriminación. La primera, en una escuela de primaria y la segunda, con funcionarios de prisiones de un centro penitenciario estadounidense. En ambos casos se trata de dividir al grupo en base a un componente físico, en este caso el color de los ojos: "los niños con ojos claros son más listos que los de ojos oscuros". A partir de ahí comienza todo un proceso de separación y discriminación de los dos grupos creados.
El vídeo se acompaña de una guía didáctica.
Una posibilidad de trabajo es visionar el vídeo y proceder a la evaluación y al trabajo de investigación en torno a esa realidad en nuestro mundo cercano. Otra posibilidad para los/as más animosos/as es reproducir la experiencia que plantea el vídeo, siempre destinando un largo espacio de tiempo para la evaluación y la reafirmación de los/as "discriminados/as".